
Francesca Bonnemaison i Farriols (Barcelona, 1872–1949) revolucionó el panorama educativo de las mujeres a principios del siglo XX en Cataluña. Hija de familia burguesa con valores católicos y catalanistas, recibió una educación poco habitual en una época en la que las mujeres tenían acceso muy limitado al conocimiento. En 1909 fundó el Instituto de Cultura y Biblioteca Popular para la Mujer, institución única en Europa, dedicada a la formación cultural y técnica de las mujeres obreras. Bonnemaison quería que las mujeres accedieran al saber y a los oficios, y mejorar su condición social y profesional. En una sociedad profundamente patriarcal, Bonnemaison defendía el derecho de las mujeres a tener una educación de calidad, orientada tanto al desarrollo personal como a la inserción laboral.
En el ámbito de la cultura, fomentó la lectura, el arte y el pensamiento crítico entre las mujeres, anticipándose a los movimientos de emancipación femenina que vendrían décadas más tarde. Durante la Segunda República, participó activamente en la campaña por el voto femenino (1931) y fue una de las primeras mujeres en presentarse a unas elecciones municipales (1934), aunque no fue elegida. Su labor se mantuvo activa durante décadas. Tuvo un enorme impacto en la vida de miles de mujeres barcelonesas, y todavía hoy, su figura es recordada como una precursora de la igualdad de oportunidades en el acceso al conocimiento.


El 28 de marzo de 1909, Francesca Bonnemaison fundó la primera biblioteca para mujeres de Europa, la Biblioteca Popular de la Mujer en la parroquia de Santa Ana de Barcelona. Se adelantó 17 años en la Fawcett Library de Londres (1926), y 22 en la Bibliothèque Marguerite Durand de París (1931). Al año siguiente, en 1910, el espacio se amplió, con la creación del Instituto de Cultura y Biblioteca Popular de la Mujer, que ofrecía conferencias y cursos de taquigrafía, costura, delineación o educación física, entre otros. En 1911, la institución contaba ya con un fondo bibliográfico de 5.000 volúmenes, gracias a donaciones, ayudas y cuotas. También ofrecía formación en oficios, idiomas, ciencias domésticas, higiene, música o arte, entre otros, y una bolsa de trabajo. El curso 1934/35, un año antes del inicio de la Guerra Civil, el Instituto llegó a tener más de 6.200 alumnos, convirtiéndose en un modelo que otras ciudades trataron de imitar.
Con el estallido de la Guerra Civil, Bonnemaison se refugió en Suiza, cerca de su ahijado Cambó, al que hacía de secretaria, donde permaneció durante todo el conflicto. En su ausencia, el Instituto fue incautado por la Falange Española y rebautizado con el nombre de Institución de Cultura para la Mujer de la Sección Femenina de FET y de las JONS, que lo vació de contenido progresista y cambió sus funciones originales.
Bonnemaison regresó a Barcelona en 1941. Desde entonces y hasta su muerte, en 1949, se desvinculó del Instituto, y centró sus actividades en la participación en eventos culturales y religiosos de carácter catalanista, ajenos al nuevo régimen franquista. Su vida estuvo marcada por el compromiso con la educación, la cultura y la dignificación femenina, y todavía hoy su figura es recordada como una precursora de la igualdad de oportunidades en el acceso al conocimiento.
En 2004, después de un movimiento vecinal y reivindicativo, el edificio recuperó su espíritu original y fue rebautizado como Espai Francesca Bonnemaison. La fuerza innovadora de Bonnemaison y la relevancia de su legado en la cultura y el empoderamiento de las mujeres en Barcelona sigue inspirando proyectos educativos y feministas todavía hoy.

