
El panot “flor de Barcelona” es uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad. Se trata de una baldosa de hormigón cuadrada, con un relieve en forma de flor de cuatro pétalos, que desde hace décadas pavimenta muchas calles del Eixample y otras zonas de la ciudad. Aunque popularmente se asocia con Antoni Gaudí, que diseñó un modelo similar para la Casa Batlló, la versión que se extendió masivamente es de autor desconocido, y fue adoptada por el Ayuntamiento de Barcelona a principios del siglo XX por su funcionalidad, resistencia y facilidad de producción.
La flor se ha convertido en mucho más que un simple elemento urbano: es un emblema del diseño barcelonés y un símbolo identitario para ciudadanos y visitantes, inspirando objetos de recuerdo, prendas de moda y proyectos gráficos que lo reinterpretan constantemente. Así, un elemento creado con una finalidad práctica ha trascendido para convertirse en icono cultural y visual, creando vínculos emocionales y reforzando la imagen de la ciudad en el mundo.
Se calcula que existen unos cinco millones de metros cuadrados
de superficie pavimentada con el panot de flor en Barcelona


