Lluïsa Vidal i Puig (1876-1918) es considerada la única pintora plenamente modernista de Cataluña, y una de las pocas artistas femeninas de su época con proyección internacional. Nació en Barcelona en el seno de una familia culta y acomodada: su padre, Francesc Vidal, era ebanista y decorador de renombre. En este entorno favorable, Lluïsa recibió una formación artística esmerada, y desde joven destacó en el dibujo y la pintura. Después de estudiar con maestros locales, viajó a París, donde se formó en la Académie Julian y con Eugène Carrière, uno de los pintores más influyentes de finales del siglo XIX. Este período parisino le permitió establecer contactos con otros artistas e impregnarse de la vanguardia. Al volver a Barcelona, en 1898, se convirtió en la primera mujer que exponía en el célebre café Els Quatre Gats, epicentro del modernismo.
Vidal fue la primera mujer que expuso en Els Quatre Gats (1898)
— Ajuntament de Barcelona
Su estilo se caracteriza por una paleta luminosa y una gran sensibilidad hacia la vida cotidiana, con especial atención a las mujeres y ambientes domésticos. Retrató figuras destacadas del feminismo catalán, como Carme Karr, Catalina Albert o Margarita Xirgu. Su obra incluye paisajes, retratos, escenas cotidianas -especialmente femeninas- y pintura al aire libre.
Además de la pintura, se vinculó al movimiento feminista. Abrió una academia de dibujo y pintura donde impartía clases, especialmente a chicas, y colaboró como ilustradora con la revista Feminal entre 1908 y 1915. Su carrera fue truncada por la gripe española, que la mató prematuramente el 22 de octubre de 1918. Pese a su corta trayectoria, Vidal dejó un legado valioso que la sitúa como pionera en unir arte y feminismo, y como figura esencial para entender el papel de las mujeres en la cultura modernista catalana.

