Emprendimiento femenino: rompiendo el techo de cristal

Caterina Llull i Sabastida (1440–1502), la primera dona emprenedora d'Espanya

Caterina Llull i Sabastida (1440–1502) fue una barcelonesa empresaria y mecenas cultural, cuya trayectoria la sitúa como figura excepcional en la historia económica y social de la ciudad. Nacida en una familia de mercaderes acomodadas, se casó con Joan Sabastida, también comerciante, y quedó viuda relativamente joven. Esta situación, lejos de relegarla a un papel secundario, le permitió gestionar de forma autónoma los negocios familiares, con un grado de libertad inusual para una mujer de su tiempo.

Llull consolidó una importante red comercial entre Barcelona, ​​Nápoles y otros puertos mediterráneos, orientada sobre todo al comercio de tejidos, cereales y productos de lujo. Su habilidad financiera la convirtió en una de las principales inversoras de la época, demostrando gran capacidad de gestión en un entorno dominado por hombres. Además, desempeñó un papel destacado como mecenas y protectora cultural: financió instituciones religiosas y artísticas, dejando testimonio de su compromiso con la vida pública y cultural barcelonesa. La figura de Caterina Llull ha pasado a la historia como la primera mujer emprendedora de España.

En Cataluña, el 20% de las start-ups tienen mujeres en los equipos fundadores;
este porcentaje supera la media europea del 17%
catalonia.com

Emprenedoria femenina: trencant el sostre de vidre

El acceso de las mujeres a las oportunidades laborales ha experimentado una evolución significativa en los últimos siglos. Los movimientos feministas han jugado un papel esencial en desafiar a los roles tradicionales, en vencer las resistencias sociales y culturales, y en impulsar el acceso de las mujeres a sectores como la medicina, la ingeniería, la política y otros sectores históricamente dominados por los hombres. En el ámbito empresarial, cada vez existen más figuras femeninas dispuestas a iniciar y gestionar sus propios negocios; el porcentaje de empresas creadas por mujeres se incrementa paulatinamente.

El 42% de las personas emprendedoras de la ciudad son mujeres
Ajuntament de Barcelona (2022)

Barcelona ha registrado avances claros en la participación de las mujeres en el ámbito de la emprendeduría. Según la Oficina Municipal de Datos del Ayuntamiento, en 2022, el 42% de las personas emprendedoras de la ciudad eran mujeres -17.175 mujeres sobre 40.875 emprendedores totales-, una cifra dos puntos superior respecto al año anterior. Los datos muestran que las políticas públicas y los programas de soporte están consiguiendo romper barreras. En el ecosistema europeo, las empresas fundadas íntegramente por mujeres representan aproximadamente un 8% del total, pero crecen a un ritmo mayor que las fundadas por equipos mixtos o masculinos. En Cataluña, cerca del 19,6% de las start-ups tienen mujeres en sus equipos fundadores. Este porcentaje es el segundo más alto de la UE, superando al de ciudades como Estocolmo, Amsterdam, París o Dublín. La media europea es del 17%.

Emprenedoria femenina: trencant el sostre de vidre

A pesar de los avances, muchas mujeres todavía enfrentan discriminaciones en el puesto de trabajo en forma de sesgos en la contratación, en el salario, en la promoción o en la asignación de tareas. Existe una tendencia evidente hacia la segregación ocupacional. Las trabajadoras se concentran en sectores y roles menos valorados y remunerados como la enfermería o la educación. En muchos casos, los estereotipos y prácticas discriminatorias limitan las oportunidades y la promoción de las mujeres en los campos tradicionalmente masculinos. En el ámbito empresarial, a nivel mundial, sólo ocupan el 20% de los puestos en los consejos de administración de las principales instituciones financieras, y menos del 10% de las empresas emergentes de alta tecnología son fundadas por mujeres, lo que muestra una significativa brecha en sectores tecnológicamente avanzados. En las últimas décadas, la desigualdad salarial entre hombres y mujeres se ha reducido, pero existe todavía una brecha significativa en muchos países y sectores. A nivel mundial, las mujeres ganan un 23% menos que los hombres para realizar el mismo trabajo.

En la Unión Europea, la brecha salarial de género es del 14,1%
Organización Internacional del Trabajo

En el ámbito del emprendimiento, persisten debilidades estructurales que limitan la igualdad efectiva. Las mujeres con la inquietud de emprender se enfrentan a importantes prejuicios y estereotipos, por ejemplo, a la hora de obtener financiación o crédito, ya que los inversores suelen mostrar menos confianza en los proyectos con liderazgos femeninos. A menudo, las mujeres emprendedoras reportan dificultades para mantener sus negocios a largo plazo debido a limitaciones como el acceso a los mercados o redes empresariales. El equilibrio entre las responsabilidades laborales y familiares es también un factor limitante significativo. Éstas, entre otras muchas, son algunas de las razones que explican que las empresas dirigidas por mujeres tengan tasas de supervivencia más bajas en comparación con las dirigidas por hombres.


Las políticas destinadas a fomentar la diversidad y abordar las disparidades de género en el ámbito empresarial son fundamentales para potenciar aún más a las mujeres en el ecosistema emprendedor. La mayoría de los sectores emprendedores femeninos son del sector terciario (servicios). Un primer reto es aumentar la presencia de mujeres en sectores de alta innovación -tecnología, biotech, ciencias de la vida...- donde, actualmente, la participación es muy inferior. Otro reto es mejorar el acceso a la financiación. También es vital consolidar la compatibilidad entre el trabajo y las responsabilidades domésticas, con medidas de conciliación -guarderías, horarios flexibles, permisos igualitarios- para que la dedicación a un proyecto empresarial sea viable.

También debe reforzarse la visibilidad y reconocimiento de las emprendedoras para reducir estereotipos e inspirar a futuras generaciones de mujeres a emprender. La deconstrucción de estereotipos, la promoción de entornos laborales inclusivos o el acceso equitativo de las mujeres a las oportunidades laborales no son sólo cuestiones de justicia social, sino también ingredientes necesarios para el crecimiento económico y el desarrollo sostenible de las sociedades en su conjunto.



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