
El parque de Cervantes, inaugurado en 1965 en el barrio de Pedralbes, se extiende por más de 87.000 metros cuadrados, y ofrece una espectacular colección de más de 11.000 rosales de 2000 variedades distintas. Se pueden apreciar desde las formas más clásicas hasta las variedades más innovadoras. La colección incluye rosas híbridas, rosas botánicas, rosas miniatura, rosas antiguas y modernas, así como especies silvestres. Los ejemplares florecen cada año, entre mayo y julio, llegando a representar unas 150.000 rosas abiertas a la vez.
El parque acoge, desde 2001, el Concurso Internacional de Roses Noves, que atrae a especialistas de todo el mundo, y donde cada año se presentan nuevas especies. Las variedades ganadoras suelen incorporarse posteriormente a la colección. En el marco de la ciudad del conocimiento, el parque actúa como laboratorio vivo de biodiversidad y educación ambiental, fomentando la investigación botánica y el aprendizaje en espacios abiertos.
El parque tiene más de 11.000 rosales de 2000 variedades distintas;
durante la floración se pueden observar más de 150.000 rosas
— Barcelona Turisme
El parque es una muestra de integración de especias ornamentales en entornos urbanos con criterios ecológicos. El mantenimiento de la colección floral se acompaña de prácticas sostenibles como el riego inteligente y el uso controlado de fertilizantes. En el actual contexto de cambio climático, el parque es un ejemplo de gestión sostenible de espacios verdes urbanos.

Barcelona dispone de 2.870 hectáreas de espacios verdes públicos, de las que 1.171 están dentro de la trama urbana, y los 1.699 restantes forman parte del Parque Natural de Collserola. Recientemente, la superficie verde se ha ampliado, con espacios amplios como el parque de Can Batlló (29.000 m²) o el parque de Can Clos (24.700 m²), que recuperan zonas degradadas o infrautilizadas. También se han construido supermanzanas y modificado espacios interiores. Pese a los avances, la ciudad todavía tiene carencias notables. Sin considerar a Collserola, la ciudad proporciona sólo 7,1 m² de verde por ciudadano, un dato lejos aún de los 15 a 20 m² que recomienda la OMS. Algunos barrios densos tienen ratios muy bajas, como la Derecha del Eixample, que sólo dispone de 0,59 m² de verde por residente, lo que evidencia una desigual distribución territorial del verde urbano.
Actualmente hay unos 7,1 m² de verde urbano por habitante,
lejos todavía de los 15 y 20 m² que recomienda la OMS
— ARA
Por otra parte, muchas zonas verdes pequeñas carecen de conectividad ecológica o accesos fáciles, y también hay escasez de agua freática para regar algunos espacios, e infraestructuras de riego que todavía no son totalmente eficientes. Durante las recientes temporadas, el arbolado y los arbustos han sufrido mucho los estragos de las sequías, aunque a día de hoy ya se han recuperado más del 40% de las plantas afectadas. Sin embargo, la calidad del verde no siempre es la mejor, y muchos espacios necesitan inversión para el mantenimiento, conservación de la fauna asociada y para asegurar su resiliencia climática.
El Plan Natura Barcelona 2021-2030 es la estrategia que define los compromisos del gobierno municipal y la ciudadanía para la conservación del verde y la diversidad biológica. El reto es conseguir los estándares internacionales de verde urbano. Entre otras medidas, el plan contempla la creación de 160 hectáreas nuevas de parques, jardines, cubiertas verdes e interiores de manzana, para alcanzar a corto plazo al objetivo de 1 m² de verde adicional por habitante. Asimismo, consolida y amplía el modelo de supermanzanas, haciéndolo extensivo a todos los distritos para reducir el tráfico y proporcionar espacio público de calidad. También contempla que todos los barrios dispongan de zonas verdes, sombra y calidad ambiental, a fin de garantizar el acceso equitativo y una distribución territorial justa. Además, el plan incorpora criterios de resiliencia climática, fomentando la gestión sostenible del agua y el suelo, e impulsando la creación de corredores verdes que mejoren la conectividad ecológica. El objetivo final es lograr una ciudad más saludable, resiliente e inclusiva, en la que la naturaleza sea uno de los pilares de la calidad de vida y de la lucha contra el cambio climático.

